Inma subió unas imágenes de Godoy y María Luisa de Parma, pero por error se han borrado. Ha dado algún error la plataforma. También se borraron una recopilación de información sobre la vida amorosa de Mª Luisa.
Así que la vuelvo a recopilar de nuevo. Las imágenes de Inma aparecerán entre medias de la sección.
SECCIÓN DEL CORAZÓN: poseídos por el espíritu del Hola.
A continuación recojo aspectos de la vida íntima de Mª Luisa. La información es de un blog sobre mujeres reales y cosas así, pero está bastante bien (al final os pongo la dire del blog del que lo copié). Es un poco largo, pero es entretenido, así que quien quiera chismorrear un poco ya sabe...
MARÍA LUISA DE PARMA, Reina de España ( I )
Un buen día del verano de 1765, el rey Carlos III de España había llamado a su presencia a su heredero el príncipe Carlos, entonces de dieciséis años, para informarle de que iba a convertirse en marido.
- Hijo mío como es obligado tu matrimonio, vas a desposarte con la princesa María Luisa de Parma, una joven doncella cuyas cualidades como mujer son más que notorias.
La novia tenía catorce años y era prima hermana de su prometido. Al príncipe se le ocurre expresar la certeza de que va a casarse con alguien que nunca podrá cometer adulterio. Su padre no deja de asombrarse al oírlo y al preguntarle la razón de su seguridad, responde el muchacho:
- Porque soy príncipe y, por lo tanto, diferente de los demás hombres que no pueden casarse con princesas sino con vulgares y corrientes mujeres que les engañan.
El rey lo mira con tristeza, estaba más que acostumbrado a la cortedad de entendederas de quien iba a sucederle en el trono.
- Hijo mío, pero qué imbécil eres. Las princesas y las reinas también pueden ser unas putas …
Carlos III
La noticia de su futuro matrimonio con el príncipe de Asturias llena de orgullo a la interesada, que se jacta ante su hermano de que él sólo será duque mientras que ella tendrá rango de reina. ¿Quién es y cómo es la joven prometida?. María Luisa de Parma es la menor de los tres hijos del duque Felipe de Parma y de la princesa Luisa Isabel de Francia. Era por lo tanto nieta de los reyes de España, Felipe V e Isabel de Farnesio, al ser su padre el cuarto hijo del matrimonio real, y nieta del rey Luis XV de Francia, por su madre. Su niñez transcurrió en la corte parmesana que era por completo francesa y no porque Versalles dictara usos y costumbres a toda Europa, sino porque los duques soberanos del pequeño estado se sentían ellos mismos netamente franceses.
María Luisa de Parma
Las noticias acerca de la educación infantil de María Luisa son tan contradictorias como todo cuanto atañe a su figura. Mientras uno de sus defensores afirma rotundamente que su educación fue muy esmerada y ella asumía con cierto provecho y obediencia las enseñanzas que estaba recibiendo, otros manifiestan que, aunque la joven princesa era despierta y viva de genio, no sacó provecho de las sabias lecciones que se le impartieron y que ella no sintió nunca inclinación por estudios y lecturas. Y se pone de relieve su mal carácter: caprichoso, voluble y absolutamente despótico, consiguiendo colmar la paciencia de su preceptor el abate Condillac, porque es quien tuvo que soportarla más en esta época infantil.
La familia de Luisa Isabel de Francia
La infancia de María Luisa, conocida en la intimidad familiar como “Louison”, estará marcada por la ausencia de su madre. El pequeño ducado de su esposo, alejado del centro político europeo, no colmaba sus ambiciones y se le hacía insoportable la perspectiva de pasar allí el resto de sus días. Abandonó Parma para instalarse en Versalles. María Luisa, que sólo tenía seis años, no volvió a ver nunca más a su madre. La pequeña quedará al cargo de su gobernanta, la marquesa de González, una gran dama que marcará los primeros años de su vida y que verá compensada en su aya la falta de afecto maternal. En cuanto a su físico a los catorce años, era una muchacha discretamente alta, rubia, de ojos oscuros, mirada maliciosa y, cuando acertaba a sonreír, de expresión pícara. Ni fea ni tampoco ninguna belleza adolescente.
Carlos IV
Cuando la jovencita parmesana llega a Madrid, las diferencias de carácter con su esposo el príncipe Carlos hacen presagiar que ejercerá un completo dominio sobre él. Carlos es un joven de naturaleza distraída, bonachón, introvertido e ingenuo. Consentido por su padre, el príncipe de Asturias prefiere ocupar sus días en la caza, la equitación, la esgrima, la música al violín, el coleccionismo de relojes y la práctica del oficio de tornero y metalista, más que en esfuerzos intelectuales. Su matrimonio con la temperamental María Luisa cambiará mucho su apacible vida cortesana. Dícese que, paseando la parejita en carroza por la Plaza Mayor, un majo de los que allí estaban pasando el rato gritó con insolencia al recién casado: “¡ Nunca serás lo bastante hombre para ella, Carlitos!”.En este caso, el tan traído y llevado tema de la consumación de la boda parece que se resolvió al cabo de un mes.
María Luisa de Parma
Fuentes:
José Antonio Vidal Sales, Crónica íntima de las reinas de España1993 Editorial Planeta S.A
José María Solé, Los Reyes Infieles
2005 La Esfera de los Libros S.L
María José Rubio, Reinas de España: Siglos XVIII-XXI: De maría Luisa Gabriela de Saboya a Letizia Ortiz
2009 La Esfera de los Libros S.L
Fernando Gonzalez-Doria, Las Reinas de España
1989 Editorial Bitacora S.A
MARÍA LUISA DE PARMA, Reina de España ( II )
Se cuenta una anécdota en la que María Luisa salió una noche de su habitación empujada por una necesidad urgente y cuando corría apresurada por un pasillo, se encontró a su suegro en camisón paseando descalzo para calmar sus torturantes ardores. Pensando que estaba enfermo, ella lo obligó a volver a su habitación y a meterse en la cama, tarea en la que les habría sorprendido el príncipe, extrañado por la larga ausencia de su mujer del lecho conyugal a aquellas horas. El joven Carlos malinterpretó la escena creyendo que se trataba de una horrible infidelidad cometida por su augusto padre y su esposa. Escándalo en la madrugada, rabioso soponcio del doncel, llanto afligido de la princesa y violento enfado del monarca, que, vociferante, intentó agredir al que osó poner en entredicho su honor inmancillado. Felizmente los arrumacos de María Luisa, prodigados al uno y al otro, pusieron un epílogo sosegado y razonable al incidente.
Según algunos autores, la vida de los miembros de la familia real carecía por completo de libertad personal hasta extremos inconcebibles. La existencia de la princesa de Asturias estaba presidida por el rígido protocolo que imponía la camarera mayor, siempre vigilante; en sus ausencias, las damas de honor mantenían este mismo cuidado, pues ni un instante se separaban de su señora, continuamente escoltada, acompañada o seguida de forma agobiante por ellas.
[...]
El monarca concede credibilidad a los rumores que inducen a pensar que su nuera acepta el galanteo amoroso de ciertos jóvenes de la nobleza como el conde de Teba,Agustín de Lancaster y Juan Pignatelli. La amistad que los príncipes demuestran a estos aristócratas es castigada con la orden de alejamiento de la corte, uno por uno, de todos ellos, con gran disgusto de Carlos y María Luisa, que a veces se ven obligados a disimular sus preferencias por determinadas personas para no verse privados de su compañía.
Seis años después de haber contraído matrimonio, la princesa, que ya cuenta veintiún años de edad, no ha logrado tener descendencia. En la corte comienza a sentirse la presión sobre los príncipes de Asturias ante la falta de un heredero. Algunos culpan al príncipe Carlos, que, apático y tímido, se mostraba reticente al principio a la consumación del matrimonio. La confirmación oficial del primer embarazo de María Luisa, a mediados de abril de 1771, causa gran alegría en la corte. En septiembre nace un niño que recibe los nombres de Carlos Clemente.La princesa tendrá entre sus virtudes la de una extraordinaria fertilidad, dado que en veintitrés años dio a luz a catorce hijos.
Carlos IV
[...]
MARÍA LUISA DE PARMA, Reina de España ( III ) [Entra en acción Manuel Godoy, fijaos en como accede de puestos].
En estos años, la princesa sufre con la pérdida de varios hijos, solapada de forma tan vertiginosa con el nacimiento de otros, que apenas da tiempo a enterrar a un niño cuando ya se celebra el bautizo de otro. En la corte se murmura sobre la posible maldición que pesa sobre María Luisa, que después de dieciocho años de matrimonio aún no ha logrado dar un heredero a la corona. Los cuatro varones nacidos han fallecido a muy corta edad. Sólo el nacimiento de un nuevo hijo en octubre de 1784, termina con estos rumores. El niño se criará sano y llegará a ser el rey Fernando VII.
La princesa tampoco cuenta con la simpatía de las aristócratas españolas. En las famosas tertulias de las duquesas de Benavente y de Alba, los comentarios sobre los escándalos que rodean a María Luisa en palacio ocupan gran atención. Hay quien dice que estas dos grandes damas, poco amigas de la futura reina, se han encargado especialmente de propagar entre la alta sociedad el asunto del guardia de corps que tanto la ha perjudicado. Hasta los diplomáticos se suman a la diversión del cotilleo, dando lugar a serios conflictos.
Manuel Godoy por Goya
En septiembre de 1788 se produce un encuentro que marcará la vida de María Luisa. Un día, durante un paseo de la princesa en carruaje, un joven guardia de corps que la escoltaba sufre una mala caída de su caballo por loco desenfreno del corcel. La princesa lanza un grito al percatarse del incidente y manda detener su coche para preguntar si el jinete se había lastimado. Aunque dolorido de una pierna, el guardia se levanta del suelo y se incorpora al servicio. La princesa presta atención al valor del guardia tanto como a su aspecto y sonsaca a las damas que viajan con ella en el coche, la identidad del joven. Se llamaba Manuel Godoy.
A los tres días, Manuel es invitado a presentar sus respetos a los príncipes de Asturias que se interesan por sus orígenes familiares y su carrera militar y cortesana. El encanto personal de Godoy, que apenas tiene veintiún años, encandila a los príncipes que lo convierten en personaje asiduo de sus veladas, donde pronto destaca por su entretenida conversación, su inteligencia, sus acertados juicios y educadas maneras.
Manuel Godoy por Bayeu
Manuel Godoy es un caballero atractivo, amable, de físico fornido, cabello rubio y ojos azules, capaz de despertar en María Luisa apasionados sentimientos de amor hasta ahora desconocidos para ella. La princesa es una mujer vanidosa y egocéntrica, que no puede evitar – como otras damas de la corte- fijarse en este ambicioso joven, dispuesto a servir a los príncipes con independencia de toda facción cortesana. La confianza que Carlos y María Luisa depositan en él lo encumbrará en su carrera política.
Antes de la desaparición del rey Carlos III, el eco del escándalo a causa de Godoy se ha vuelto ensordecedor grito y el ingenio popular toma cuerpo. Porque al pueblo sencillo no le cabe en la cabeza que el príncipe de Asturias no sea consciente de los amoríos pasionales entre su esposa y el guardia de corps. Y había quien no se privaba de apuntar que el mismo esposo consentido no era inmune a los encantos del joven Godoy …
Carlos IV Carlos IV y María Luisa de Parma se convierten en reyes de España después de veintitrés años de matrimonio y de vida carente de toda responsabilidad oficial como príncipes de Asturias. El nuevo rey tiene cuarenta años y la reina, treinta y siete.
Tantos embarazos y partos envejecen prematuramente a María Luisa, que ha perdido gran parte de su atractivo. Su piel se ha vuelto verdosa y una progresiva enfermedad le ha hecho perder todos los dientes, obligándola a llevar una dentadura postiza. La reina se resiste, sin embargo, a perder su altiva coquetería, en competencia con otras damas de la aristocracia. Se empeña en vestir cada vez de forma más juvenil, siguiendo las modas más extravagantes. Orgullosa de sus delicados y tersos brazos, la parte más admirada de su físico, prescinde del uso de guantes largos, incluso vestida de gran gala, para poder lucirlos.
A partir de la ascensión al trono de María Luisa y Carlos, Manuel Godoy se convierte en un personaje histórico: en poco más de cuatro años ha ascendido de modo fulgurante, de guardia de corps a duque de Alcudia pasando por gentilhombre de cámara, ayudante general, brigadier y mariscal de campo … hasta llegar a primer ministro. Se le otorgó el título de príncipe de la Paz, título que se inventó para él y que era el que iba a preferir usar. Convirtiéndose en objeto de los mayores odios y envidias.
Obtuvo una amplia difusión una anécdota que hablaba de los torturantes celos que debía soportar la reina con respecto a su favorito, que nada hacía por aplacarlos, sino más bien todo lo contrario. Se decía que en un momento dado, Carlos caminaba por uno de los corredores palaciegos seguido a pocos pasos por María Luisa y Godoy, que debían hallarse enzarzados en una vehemente discusión en tono bajo. En un momento dado, Godoy, enfurecido por algo que la reina le recriminase, le habría soltado un guantazo al mejor estilo clásico. Al escuchar tal ruido, el siempre distraído esposo se habría vuelto para preguntar el motivo. Ella, con la más absoluta frialdad, le habría respondido que había sido un libro que se le había caído al suelo.
Fuentes:
María José Rubio, Reinas de España: Siglos XVIII-XXI: De maría Luisa Gabriela de Saboya a Letizia Ortiz
2009 La Esfera de los Libros S.L
José Antonio Vidal Sales, Crónica íntima de las reinas de España1993 Editorial Planeta S.A
José María Solé, Los Reyes Infieles
2005 La Esfera de los Libros S.L
Fernando Gonzalez-Doria, Las Reinas de España
1989 Editorial Bitacora S.A
MARÍA LUISA DE PARMA, Reina de España ( IV )
Nacida en los primeros años de la llamada “privanza” de Manuel Godoy al lado de la reina, la infanta Isabel será considerada por muchos como hija del guardia de corps. También padecerán este estigma los siguientes hijos de la reina habidos durante estos años: la infantaMaría Teresa, el infante Felipe Francisco y el infante Francisco de Paula. Los diplomáticos extranjeros se hacen eco de los rumores palatinos sobre la relación de la reina con Godoy y la bastardía de los infantes. Lady Holland, esposa del embajador británico, escribe en sus memorias que el infante Francisco de Paula guardaba con Godoy un“indecente parecido”.
El conde de Floridablanca se atreve a cuestionar la privanza del favorito ante el rey, intentando abrir los ojos de Carlos IV a la evidencia pero su estrategia fracasa. La dominante María Luisa desarma la estratagema contra su persona logrando el cese de Floridablanca como primer ministro, acusado de malversación de fondos y castigado con la prisión en la ciudadela de Pamplona.
Godoy y la reina son los principales dirigentes del país, ya que Carlos IV sólo aspira a mantener su tranquilidad y se vanagloria de tener “ una esposa que me deja hacer lo que yo quiero y un primer ministro que no me deja hacer nada”. El monarca también se siente atraído por la personalidad de Godoy y su enérgica actividad al frente del gobierno, prefiriendo permanecer ajeno a la relación de la reina y el primer ministro.
Los devaneos sexuales de Godoy son la comidilla de la corte y la reina no los ignora. María Luisa estalla de celos cuando Godoy inicia una relación estable con una bella joven andaluza llamada Josefa Tudó,conocida como Pepita, hija de un funcionario del Estado. La estrecha unión entre Pepita y Godoy durará casi cuarenta años, aunque estará siempre condenada al secretismo y el adulterio. Con ella tendría dos hijos bastardos. Los detalles sobre violentas discusiones sentimentales entre la reina y el primer ministro corren de boca en boca entre cortesanos y diplomáticos.
No está lejos el día en que la reina comprenderá la imposibilidad de que Godoy ceda en sus aventuras y colmará de regalos a la Tudó, su rival, así como a otras amantes. Se cuenta una anécdota de una sortija con un gran diamante que la reina le habría regalado a Cayetana de Alba y que ella encontró en el dedo de Juan Pignatelli. Encolerizada, habría obtenido de su marido la orden de destierro de ese caballero, pero entonces Carlos IV se habría enterado de que la tan traída y llevada sortija era la que su padre le había regalado el día en que fue proclamado heredero. La enemistad entre ambas mujeres se atribuye a su lucha por acaparar la atención de Manuel Godoy, que tuvo presuntas relaciones con la duquesa de Alba cuando era ya viuda, y según las malas lenguas, no era el único hombre que compartieron.
La reina insiste en controlar la vida privada de su favorito, ideando una hábil maniobra casamentera para mantenerle a su lado. María Luisa propone a Godoy el matrimonio con una prima hermana del rey, María Teresa de Borbón y Vallabriga, condesa de Chinchón, hija del infante Luis condenado al ostracismo por su matrimonio morganático. El rey les otorgó a María Teresa y a sus hermanos los honores de infantes y tratamiento de alteza. La idea halaga a Godoy, que por medio de esta boda logrará emparentar directamente con la familia real y acepta de inmediato.
Godoy siente total indiferencia por su esposa, de la que sólo valora el hecho de haberlo convertido en primo político del rey. A cambio, ella devuelve un profundo odio hacia su esposo hasta el punto de sentir aversión por la única hija que tendrán, Carlota, de la que su tía la reina María Luisa afirma que ella ha de querer “como si la hubiera parido”. Una niña que llegará a ser en el futuro la más fiel acompañante de la reina en el triste final de su vida.
La reina está molesta por la actitud personal de Godoy que, a pesar del brillante enlace, persiste en mantener su relación con Pepita Tudó, convertida en amante consentida y causa de la infelicidad de su esposa María Teresa. La reina retira ostensiblemente su apoyo a Godoy en los consejos de ministros y comienza a manifestar mayor interés por las opiniones de Francisco Saavedra, recién nombrado ministro de finanzas. Godoy se siente contrariado por las desavenencias con la soberana y en marzo de 1798 presenta su dimisión. El rey, aunque disgustado por esta decisión, ya que aprecia mucho al primer ministro, acepta su petición y le despide oficialmente.
La renuncia de Manuel Godoy causa gran revuelo, aunque muchos creen que sólo se trata de una riña pasajera entre el favorito y María Luisa, enrabietada con él más por cuestiones personales que políticas y deseosa de castigar el engreimiento de su antiguo pupilo. Godoy se retira a su propiedad campestre del Soto de Roma, en Granada, y allí permanecerá alejado de la corte durante dos años.
Fuentes:
María José Rubio, Reinas de España: Siglos XVIII-XXI: De maría Luisa Gabriela de Saboya a Letizia Ortiz
2009 La Esfera de los Libros S.L
José Antonio Vidal Sales, Crónica íntima de las reinas de España1993 Editorial Planeta S.A
José María Solé, Los Reyes Infieles
2005 La Esfera de los Libros S.L
Fernando Gonzalez-Doria, Las Reinas de España
1989 Editorial Bitacora S.A
MARÍA LUISA DE PARMA, Reina de España ( V )
La reina se asombra del fasto de la nueva corte napoleónica y se obsesiona con vestir las últimas modas de Francia, para lo cual desembolsa enormes sumas de dinero en importar telas, vestidos y joyas al estilo francés. El embajador francés Alquier, sabe que la política española está en manos de la reina y procura dedicarle halagos en la correspondencia diplomática, a sabiendas de que será espiada. La estrategia embaucadora resulta perfecta.
Un guardia de corps venezolano llamado Manuel Mallo se ha convertido en el nuevo favorito de la reina, beneficiándose de una rápida y fulgurante carrera en la corte y con el que María Luisa mantendría una especial relación sadomasoquista. Circuló por entonces un divertido relato. El rey viendo pasar un día desde un balcón del palacio de San Ildefonso a Manuel Mallo con un nuevo coche de cuatro caballos y escolta de cuatro pajes con librea, le preguntó a Godoy: “¿ De dónde saca Mallo tanto dinero?”. Y Godoy socarronamente responde: “ Una vieja loca se ha enamorado de él y le da tanto dinero como quiere. Ella roba a su marido para pagar a su amante”.
La reina pronto se halla atormentada por su relación con Mallo, cuajada de discusiones en público que escandalizan y trastocan la vida de la corte. La buena estrella de Mallo decae ante su dama justo cuando la de Godoy comienza a renacer. Godoy está dispuesto a sacar a la reina del atolladero de esta tortuosa relación, dando orden a sus agentes de asaltar la casa de Mallo en Madrid y robarle las comprometedoras cartas de la soberana que posee, para evitar que le pueda hacer chantaje. El desengaño amoroso de la reina allana aún más el camino para el regreso de Manuel Godoy, su verdadero hombre de confianza.
Carlos IV
En la noche del 8 de septiembre de 1801, Carlos IV sufre un fuerte dolor en el costado. Los médicos diagnostican una apoplejía, la reina, acompañada por Godoy, no se separa ni un minuto de la cama de su esposo, angustiada por la posibilidad de que éste muera sin dejar resuelta su sucesión. Si el príncipe Fernando, que cada día muestra mayor inquina hacia su madre y el favorito, se hiciera cargo de la corona en ese momento, Godoy sería sin duda expulsado de inmediato y María Luisa quedaría en la más incómoda situación en la nueva corte gobernada por su hijo. El rey recupera milagrosamente su salud. Aliviada, la reina le hace firmar un testamento, según el cual, en caso de fallecimiento, ella y Godoy ejercerán una regencia conjunta hasta que el príncipe Fernando cumpla treinta años. El heredero y sus colaboradores consideran este hecho una inaceptable usurpación de derechos dinásticos y, enfurecidos, declaran una guerra interna contra Godoy que marcará el tenso ambiente de la corte durante los siguientes años.
María Antonia de Nápoles
La integración de la nueva princesa de Asturias en la familia real española resulta desastrosa. María Antonia de Nápoles siente un completo rechazo por la fealdad física y la grosería intelectual del príncipe Fernando, éste responde con un trato huidizo y huraño, a veces brusco e incluso despótico con su esposa. La difícil relación de la pareja se agrava aún más por sus problemas sexuales.
Durante esos meses, María Antonia se siente sola y triste en España, completamente inadaptada a su nueva vida. A la incompatibilidad de caracteres con su esposo, se une la frialdad con que ciertos miembros de la familia real la tratan. La princesa es joven, culta y refinada y ha deslumbrado desde el primer momento a la corte, que la escucha hablar con los embajadores en varios idiomas y contar extraordinarias historias sobre las maravillas del reino de Nápoles y los lujos de la corte vienesa. La reina, coqueta y vanidosa, aunque en público trata a su nuera con cortesía, no puede evitar sentir celos y desconfianza.
Fernando VII
Y una vez que los príncipes de Asturias superen sus iniciales problemas conyugales, el enfrentamiento entre la reina y su nuera se acrecentará aún más. Animada por los consejos de su madre desde Nápoles, la princesa se dispone a erigirse en mentora de una nueva política en España, apoderándose del ánimo de su esposo, respetando sólo aparentemente a sus suegros y declarando abierta hostilidad al ministro Godoy.
Las intrigas clandestinas de María Antonia comienzan a ser sospechadas por la reina, cuya enemistad con su nuera es ya pública y notoria. En sus cartas a Godoy, María Luisa de Parma dedica a su nuera insultos como “diabólica sierpe”, “escupitina de su madre”, “víbora ponzoñosa”, “animalito sin sangre y sí todo hiel y veneno” o “rana a medio morir”. Resuelta a combatir también por medio de la intriga la oposición de su hijo y su nuera, la reina intensifica el espionaje en torno al cuarto de los príncipes. Las intrigas políticas de la princesa empiezan a resultar peligrosas, pues no sólo afectan al seno doméstico de la monarquía sino que además se inmiscuyen seriamente en la política internacional.
María Carolina de Austria
En otono de 1804 circulan rumores de que Godoy pudiera estar tramando un complot para excluir al príncipe Fernando de la línea sucesoria y trasladar la corona al menor de los hijos de los reyes, el infante Francisco de Paula, presumible hijo del favorito. La reina María Carolina escribe a su hija aconsejándola que ejerza una decidida oposición a Godoy. El ambiente de la corte se torna crispado y virulento. La reina y su favorito imponen el aislamiento de la princesa respecto de sus posibles colaboradores. Se exige a Nápoles la retirada de sus embajadores, que también llevarán consigo de vuelta a las camaristas napolitanas de la princesa, acusados todos de fomentar el mal comportamiento de su señora. María Antonia, airada por la medida, mantiene su respeto por los reyes pero jura no humillarse ante Godoy, recordando “ quién es ella” y “ quien es él”. La reina, que ha presenciado los dos abortos de su nuera, la critica por mal paridora y por engendrar hijos tan pequeños“ que ha tenido que ponerse los anteojos para verlos”.
Fuentes:
María José Rubio, Reinas de España: Siglos XVIII-XXI: De maría Luisa Gabriela de Saboya a Letizia Ortiz
2009 La Esfera de los Libros S.L
José Antonio Vidal Sales, Crónica íntima de las reinas de España1993 Editorial Planeta S.A
Así que la vuelvo a recopilar de nuevo. Las imágenes de Inma aparecerán entre medias de la sección.
SECCIÓN DEL CORAZÓN: poseídos por el espíritu del Hola.
A continuación recojo aspectos de la vida íntima de Mª Luisa. La información es de un blog sobre mujeres reales y cosas así, pero está bastante bien (al final os pongo la dire del blog del que lo copié). Es un poco largo, pero es entretenido, así que quien quiera chismorrear un poco ya sabe...
MARÍA LUISA DE PARMA, Reina de España ( I )
Un buen día del verano de 1765, el rey Carlos III de España había llamado a su presencia a su heredero el príncipe Carlos, entonces de dieciséis años, para informarle de que iba a convertirse en marido.
- Hijo mío como es obligado tu matrimonio, vas a desposarte con la princesa María Luisa de Parma, una joven doncella cuyas cualidades como mujer son más que notorias.
La novia tenía catorce años y era prima hermana de su prometido. Al príncipe se le ocurre expresar la certeza de que va a casarse con alguien que nunca podrá cometer adulterio. Su padre no deja de asombrarse al oírlo y al preguntarle la razón de su seguridad, responde el muchacho:
- Porque soy príncipe y, por lo tanto, diferente de los demás hombres que no pueden casarse con princesas sino con vulgares y corrientes mujeres que les engañan.
El rey lo mira con tristeza, estaba más que acostumbrado a la cortedad de entendederas de quien iba a sucederle en el trono.
- Hijo mío, pero qué imbécil eres. Las princesas y las reinas también pueden ser unas putas …
Carlos III
La noticia de su futuro matrimonio con el príncipe de Asturias llena de orgullo a la interesada, que se jacta ante su hermano de que él sólo será duque mientras que ella tendrá rango de reina. ¿Quién es y cómo es la joven prometida?. María Luisa de Parma es la menor de los tres hijos del duque Felipe de Parma y de la princesa Luisa Isabel de Francia. Era por lo tanto nieta de los reyes de España, Felipe V e Isabel de Farnesio, al ser su padre el cuarto hijo del matrimonio real, y nieta del rey Luis XV de Francia, por su madre. Su niñez transcurrió en la corte parmesana que era por completo francesa y no porque Versalles dictara usos y costumbres a toda Europa, sino porque los duques soberanos del pequeño estado se sentían ellos mismos netamente franceses.
María Luisa de Parma
Las noticias acerca de la educación infantil de María Luisa son tan contradictorias como todo cuanto atañe a su figura. Mientras uno de sus defensores afirma rotundamente que su educación fue muy esmerada y ella asumía con cierto provecho y obediencia las enseñanzas que estaba recibiendo, otros manifiestan que, aunque la joven princesa era despierta y viva de genio, no sacó provecho de las sabias lecciones que se le impartieron y que ella no sintió nunca inclinación por estudios y lecturas. Y se pone de relieve su mal carácter: caprichoso, voluble y absolutamente despótico, consiguiendo colmar la paciencia de su preceptor el abate Condillac, porque es quien tuvo que soportarla más en esta época infantil.
La familia de Luisa Isabel de Francia
La infancia de María Luisa, conocida en la intimidad familiar como “Louison”, estará marcada por la ausencia de su madre. El pequeño ducado de su esposo, alejado del centro político europeo, no colmaba sus ambiciones y se le hacía insoportable la perspectiva de pasar allí el resto de sus días. Abandonó Parma para instalarse en Versalles. María Luisa, que sólo tenía seis años, no volvió a ver nunca más a su madre. La pequeña quedará al cargo de su gobernanta, la marquesa de González, una gran dama que marcará los primeros años de su vida y que verá compensada en su aya la falta de afecto maternal. En cuanto a su físico a los catorce años, era una muchacha discretamente alta, rubia, de ojos oscuros, mirada maliciosa y, cuando acertaba a sonreír, de expresión pícara. Ni fea ni tampoco ninguna belleza adolescente.
Carlos IV
Cuando la jovencita parmesana llega a Madrid, las diferencias de carácter con su esposo el príncipe Carlos hacen presagiar que ejercerá un completo dominio sobre él. Carlos es un joven de naturaleza distraída, bonachón, introvertido e ingenuo. Consentido por su padre, el príncipe de Asturias prefiere ocupar sus días en la caza, la equitación, la esgrima, la música al violín, el coleccionismo de relojes y la práctica del oficio de tornero y metalista, más que en esfuerzos intelectuales. Su matrimonio con la temperamental María Luisa cambiará mucho su apacible vida cortesana. Dícese que, paseando la parejita en carroza por la Plaza Mayor, un majo de los que allí estaban pasando el rato gritó con insolencia al recién casado: “¡ Nunca serás lo bastante hombre para ella, Carlitos!”. En este caso, el tan traído y llevado tema de la consumación de la boda parece que se resolvió al cabo de un mes.
María Luisa de Parma
Fuentes:
José Antonio Vidal Sales, Crónica íntima de las reinas de España1993 Editorial Planeta S.A
José María Solé, Los Reyes Infieles
2005 La Esfera de los Libros S.L
María José Rubio, Reinas de España: Siglos XVIII-XXI: De maría Luisa Gabriela de Saboya a Letizia Ortiz
2009 La Esfera de los Libros S.L
Fernando Gonzalez-Doria, Las Reinas de España
1989 Editorial Bitacora S.A
MARÍA LUISA DE PARMA, Reina de España ( II )
Se cuenta una anécdota en la que María Luisa salió una noche de su habitación empujada por una necesidad urgente y cuando corría apresurada por un pasillo, se encontró a su suegro en camisón paseando descalzo para calmar sus torturantes ardores. Pensando que estaba enfermo, ella lo obligó a volver a su habitación y a meterse en la cama, tarea en la que les habría sorprendido el príncipe, extrañado por la larga ausencia de su mujer del lecho conyugal a aquellas horas. El joven Carlos malinterpretó la escena creyendo que se trataba de una horrible infidelidad cometida por su augusto padre y su esposa. Escándalo en la madrugada, rabioso soponcio del doncel, llanto afligido de la princesa y violento enfado del monarca, que, vociferante, intentó agredir al que osó poner en entredicho su honor inmancillado. Felizmente los arrumacos de María Luisa, prodigados al uno y al otro, pusieron un epílogo sosegado y razonable al incidente.
Según algunos autores, la vida de los miembros de la familia real carecía por completo de libertad personal hasta extremos inconcebibles. La existencia de la princesa de Asturias estaba presidida por el rígido protocolo que imponía la camarera mayor, siempre vigilante; en sus ausencias, las damas de honor mantenían este mismo cuidado, pues ni un instante se separaban de su señora, continuamente escoltada, acompañada o seguida de forma agobiante por ellas.
[...]
El monarca concede credibilidad a los rumores que inducen a pensar que su nuera acepta el galanteo amoroso de ciertos jóvenes de la nobleza como el conde de Teba, Agustín de Lancaster y Juan Pignatelli. La amistad que los príncipes demuestran a estos aristócratas es castigada con la orden de alejamiento de la corte, uno por uno, de todos ellos, con gran disgusto de Carlos y María Luisa, que a veces se ven obligados a disimular sus preferencias por determinadas personas para no verse privados de su compañía.
Seis años después de haber contraído matrimonio, la princesa, que ya cuenta veintiún años de edad, no ha logrado tener descendencia. En la corte comienza a sentirse la presión sobre los príncipes de Asturias ante la falta de un heredero. Algunos culpan al príncipe Carlos, que, apático y tímido, se mostraba reticente al principio a la consumación del matrimonio. La confirmación oficial del primer embarazo de María Luisa, a mediados de abril de 1771, causa gran alegría en la corte. En septiembre nace un niño que recibe los nombres de Carlos Clemente.La princesa tendrá entre sus virtudes la de una extraordinaria fertilidad, dado que en veintitrés años dio a luz a catorce hijos.
Carlos IV
[...]
MARÍA LUISA DE PARMA, Reina de España ( III ) [Entra en acción Manuel Godoy, fijaos en como accede de puestos].
En estos años, la princesa sufre con la pérdida de varios hijos, solapada de forma tan vertiginosa con el nacimiento de otros, que apenas da tiempo a enterrar a un niño cuando ya se celebra el bautizo de otro. En la corte se murmura sobre la posible maldición que pesa sobre María Luisa, que después de dieciocho años de matrimonio aún no ha logrado dar un heredero a la corona. Los cuatro varones nacidos han fallecido a muy corta edad. Sólo el nacimiento de un nuevo hijo en octubre de 1784, termina con estos rumores. El niño se criará sano y llegará a ser el rey Fernando VII.
La princesa tampoco cuenta con la simpatía de las aristócratas españolas. En las famosas tertulias de las duquesas de Benavente y de Alba, los comentarios sobre los escándalos que rodean a María Luisa en palacio ocupan gran atención. Hay quien dice que estas dos grandes damas, poco amigas de la futura reina, se han encargado especialmente de propagar entre la alta sociedad el asunto del guardia de corps que tanto la ha perjudicado. Hasta los diplomáticos se suman a la diversión del cotilleo, dando lugar a serios conflictos.
Manuel Godoy por Goya
En septiembre de 1788 se produce un encuentro que marcará la vida de María Luisa. Un día, durante un paseo de la princesa en carruaje, un joven guardia de corps que la escoltaba sufre una mala caída de su caballo por loco desenfreno del corcel. La princesa lanza un grito al percatarse del incidente y manda detener su coche para preguntar si el jinete se había lastimado. Aunque dolorido de una pierna, el guardia se levanta del suelo y se incorpora al servicio. La princesa presta atención al valor del guardia tanto como a su aspecto y sonsaca a las damas que viajan con ella en el coche, la identidad del joven. Se llamaba Manuel Godoy.
A los tres días, Manuel es invitado a presentar sus respetos a los príncipes de Asturias que se interesan por sus orígenes familiares y su carrera militar y cortesana. El encanto personal de Godoy, que apenas tiene veintiún años, encandila a los príncipes que lo convierten en personaje asiduo de sus veladas, donde pronto destaca por su entretenida conversación, su inteligencia, sus acertados juicios y educadas maneras.
Manuel Godoy por Bayeu
Manuel Godoy es un caballero atractivo, amable, de físico fornido, cabello rubio y ojos azules, capaz de despertar en María Luisa apasionados sentimientos de amor hasta ahora desconocidos para ella. La princesa es una mujer vanidosa y egocéntrica, que no puede evitar – como otras damas de la corte- fijarse en este ambicioso joven, dispuesto a servir a los príncipes con independencia de toda facción cortesana. La confianza que Carlos y María Luisa depositan en él lo encumbrará en su carrera política.
Antes de la desaparición del rey Carlos III, el eco del escándalo a causa de Godoy se ha vuelto ensordecedor grito y el ingenio popular toma cuerpo. Porque al pueblo sencillo no le cabe en la cabeza que el príncipe de Asturias no sea consciente de los amoríos pasionales entre su esposa y el guardia de corps. Y había quien no se privaba de apuntar que el mismo esposo consentido no era inmune a los encantos del joven Godoy …
Carlos IV
Carlos IV y María Luisa de Parma se convierten en reyes de España después de veintitrés años de matrimonio y de vida carente de toda responsabilidad oficial como príncipes de Asturias. El nuevo rey tiene cuarenta años y la reina, treinta y siete.
Tantos embarazos y partos envejecen prematuramente a María Luisa, que ha perdido gran parte de su atractivo. Su piel se ha vuelto verdosa y una progresiva enfermedad le ha hecho perder todos los dientes, obligándola a llevar una dentadura postiza. La reina se resiste, sin embargo, a perder su altiva coquetería, en competencia con otras damas de la aristocracia. Se empeña en vestir cada vez de forma más juvenil, siguiendo las modas más extravagantes. Orgullosa de sus delicados y tersos brazos, la parte más admirada de su físico, prescinde del uso de guantes largos, incluso vestida de gran gala, para poder lucirlos.
A partir de la ascensión al trono de María Luisa y Carlos, Manuel Godoy se convierte en un personaje histórico: en poco más de cuatro años ha ascendido de modo fulgurante, de guardia de corps a duque de Alcudia pasando por gentilhombre de cámara, ayudante general, brigadier y mariscal de campo … hasta llegar a primer ministro. Se le otorgó el título de príncipe de la Paz, título que se inventó para él y que era el que iba a preferir usar. Convirtiéndose en objeto de los mayores odios y envidias.
Obtuvo una amplia difusión una anécdota que hablaba de los torturantes celos que debía soportar la reina con respecto a su favorito, que nada hacía por aplacarlos, sino más bien todo lo contrario. Se decía que en un momento dado, Carlos caminaba por uno de los corredores palaciegos seguido a pocos pasos por María Luisa y Godoy, que debían hallarse enzarzados en una vehemente discusión en tono bajo. En un momento dado, Godoy, enfurecido por algo que la reina le recriminase, le habría soltado un guantazo al mejor estilo clásico. Al escuchar tal ruido, el siempre distraído esposo se habría vuelto para preguntar el motivo. Ella, con la más absoluta frialdad, le habría respondido que había sido un libro que se le había caído al suelo.
Fuentes:
María José Rubio, Reinas de España: Siglos XVIII-XXI: De maría Luisa Gabriela de Saboya a Letizia Ortiz
2009 La Esfera de los Libros S.L
José Antonio Vidal Sales, Crónica íntima de las reinas de España1993 Editorial Planeta S.A
José María Solé, Los Reyes Infieles
2005 La Esfera de los Libros S.L
Fernando Gonzalez-Doria, Las Reinas de España
1989 Editorial Bitacora S.A
MARÍA LUISA DE PARMA, Reina de España ( IV )
Nacida en los primeros años de la llamada “privanza” de Manuel Godoy al lado de la reina, la infanta Isabel será considerada por muchos como hija del guardia de corps. También padecerán este estigma los siguientes hijos de la reina habidos durante estos años: la infantaMaría Teresa, el infante Felipe Francisco y el infante Francisco de Paula. Los diplomáticos extranjeros se hacen eco de los rumores palatinos sobre la relación de la reina con Godoy y la bastardía de los infantes. Lady Holland, esposa del embajador británico, escribe en sus memorias que el infante Francisco de Paula guardaba con Godoy un“indecente parecido”.
El conde de Floridablanca se atreve a cuestionar la privanza del favorito ante el rey, intentando abrir los ojos de Carlos IV a la evidencia pero su estrategia fracasa. La dominante María Luisa desarma la estratagema contra su persona logrando el cese de Floridablanca como primer ministro, acusado de malversación de fondos y castigado con la prisión en la ciudadela de Pamplona.
Godoy y la reina son los principales dirigentes del país, ya que Carlos IV sólo aspira a mantener su tranquilidad y se vanagloria de tener “ una esposa que me deja hacer lo que yo quiero y un primer ministro que no me deja hacer nada”. El monarca también se siente atraído por la personalidad de Godoy y su enérgica actividad al frente del gobierno, prefiriendo permanecer ajeno a la relación de la reina y el primer ministro.
Los devaneos sexuales de Godoy son la comidilla de la corte y la reina no los ignora. María Luisa estalla de celos cuando Godoy inicia una relación estable con una bella joven andaluza llamada Josefa Tudó,conocida como Pepita, hija de un funcionario del Estado. La estrecha unión entre Pepita y Godoy durará casi cuarenta años, aunque estará siempre condenada al secretismo y el adulterio. Con ella tendría dos hijos bastardos. Los detalles sobre violentas discusiones sentimentales entre la reina y el primer ministro corren de boca en boca entre cortesanos y diplomáticos.
No está lejos el día en que la reina comprenderá la imposibilidad de que Godoy ceda en sus aventuras y colmará de regalos a la Tudó, su rival, así como a otras amantes. Se cuenta una anécdota de una sortija con un gran diamante que la reina le habría regalado a Cayetana de Alba y que ella encontró en el dedo de Juan Pignatelli. Encolerizada, habría obtenido de su marido la orden de destierro de ese caballero, pero entonces Carlos IV se habría enterado de que la tan traída y llevada sortija era la que su padre le había regalado el día en que fue proclamado heredero. La enemistad entre ambas mujeres se atribuye a su lucha por acaparar la atención de Manuel Godoy, que tuvo presuntas relaciones con la duquesa de Alba cuando era ya viuda, y según las malas lenguas, no era el único hombre que compartieron.
La reina insiste en controlar la vida privada de su favorito, ideando una hábil maniobra casamentera para mantenerle a su lado. María Luisa propone a Godoy el matrimonio con una prima hermana del rey, María Teresa de Borbón y Vallabriga, condesa de Chinchón, hija del infante Luis condenado al ostracismo por su matrimonio morganático. El rey les otorgó a María Teresa y a sus hermanos los honores de infantes y tratamiento de alteza. La idea halaga a Godoy, que por medio de esta boda logrará emparentar directamente con la familia real y acepta de inmediato.
Godoy siente total indiferencia por su esposa, de la que sólo valora el hecho de haberlo convertido en primo político del rey. A cambio, ella devuelve un profundo odio hacia su esposo hasta el punto de sentir aversión por la única hija que tendrán, Carlota, de la que su tía la reina María Luisa afirma que ella ha de querer “como si la hubiera parido”. Una niña que llegará a ser en el futuro la más fiel acompañante de la reina en el triste final de su vida.
La reina está molesta por la actitud personal de Godoy que, a pesar del brillante enlace, persiste en mantener su relación con Pepita Tudó, convertida en amante consentida y causa de la infelicidad de su esposa María Teresa. La reina retira ostensiblemente su apoyo a Godoy en los consejos de ministros y comienza a manifestar mayor interés por las opiniones de Francisco Saavedra, recién nombrado ministro de finanzas. Godoy se siente contrariado por las desavenencias con la soberana y en marzo de 1798 presenta su dimisión. El rey, aunque disgustado por esta decisión, ya que aprecia mucho al primer ministro, acepta su petición y le despide oficialmente.
La renuncia de Manuel Godoy causa gran revuelo, aunque muchos creen que sólo se trata de una riña pasajera entre el favorito y María Luisa, enrabietada con él más por cuestiones personales que políticas y deseosa de castigar el engreimiento de su antiguo pupilo. Godoy se retira a su propiedad campestre del Soto de Roma, en Granada, y allí permanecerá alejado de la corte durante dos años.
Fuentes:
María José Rubio, Reinas de España: Siglos XVIII-XXI: De maría Luisa Gabriela de Saboya a Letizia Ortiz
2009 La Esfera de los Libros S.L
José Antonio Vidal Sales, Crónica íntima de las reinas de España1993 Editorial Planeta S.A
José María Solé, Los Reyes Infieles
2005 La Esfera de los Libros S.L
Fernando Gonzalez-Doria, Las Reinas de España
1989 Editorial Bitacora S.A
MARÍA LUISA DE PARMA, Reina de España ( V )
La reina se asombra del fasto de la nueva corte napoleónica y se obsesiona con vestir las últimas modas de Francia, para lo cual desembolsa enormes sumas de dinero en importar telas, vestidos y joyas al estilo francés. El embajador francés Alquier, sabe que la política española está en manos de la reina y procura dedicarle halagos en la correspondencia diplomática, a sabiendas de que será espiada. La estrategia embaucadora resulta perfecta.
Un guardia de corps venezolano llamado Manuel Mallo se ha convertido en el nuevo favorito de la reina, beneficiándose de una rápida y fulgurante carrera en la corte y con el que María Luisa mantendría una especial relación sadomasoquista. Circuló por entonces un divertido relato. El rey viendo pasar un día desde un balcón del palacio de San Ildefonso a Manuel Mallo con un nuevo coche de cuatro caballos y escolta de cuatro pajes con librea, le preguntó a Godoy: “¿ De dónde saca Mallo tanto dinero?”. Y Godoy socarronamente responde: “ Una vieja loca se ha enamorado de él y le da tanto dinero como quiere. Ella roba a su marido para pagar a su amante”.
La reina pronto se halla atormentada por su relación con Mallo, cuajada de discusiones en público que escandalizan y trastocan la vida de la corte. La buena estrella de Mallo decae ante su dama justo cuando la de Godoy comienza a renacer. Godoy está dispuesto a sacar a la reina del atolladero de esta tortuosa relación, dando orden a sus agentes de asaltar la casa de Mallo en Madrid y robarle las comprometedoras cartas de la soberana que posee, para evitar que le pueda hacer chantaje. El desengaño amoroso de la reina allana aún más el camino para el regreso de Manuel Godoy, su verdadero hombre de confianza.
Carlos IV
En la noche del 8 de septiembre de 1801, Carlos IV sufre un fuerte dolor en el costado. Los médicos diagnostican una apoplejía, la reina, acompañada por Godoy, no se separa ni un minuto de la cama de su esposo, angustiada por la posibilidad de que éste muera sin dejar resuelta su sucesión. Si el príncipe Fernando, que cada día muestra mayor inquina hacia su madre y el favorito, se hiciera cargo de la corona en ese momento, Godoy sería sin duda expulsado de inmediato y María Luisa quedaría en la más incómoda situación en la nueva corte gobernada por su hijo. El rey recupera milagrosamente su salud. Aliviada, la reina le hace firmar un testamento, según el cual, en caso de fallecimiento, ella y Godoy ejercerán una regencia conjunta hasta que el príncipe Fernando cumpla treinta años. El heredero y sus colaboradores consideran este hecho una inaceptable usurpación de derechos dinásticos y, enfurecidos, declaran una guerra interna contra Godoy que marcará el tenso ambiente de la corte durante los siguientes años.
María Antonia de Nápoles
La integración de la nueva princesa de Asturias en la familia real española resulta desastrosa. María Antonia de Nápoles siente un completo rechazo por la fealdad física y la grosería intelectual del príncipe Fernando, éste responde con un trato huidizo y huraño, a veces brusco e incluso despótico con su esposa. La difícil relación de la pareja se agrava aún más por sus problemas sexuales.
Durante esos meses, María Antonia se siente sola y triste en España, completamente inadaptada a su nueva vida. A la incompatibilidad de caracteres con su esposo, se une la frialdad con que ciertos miembros de la familia real la tratan. La princesa es joven, culta y refinada y ha deslumbrado desde el primer momento a la corte, que la escucha hablar con los embajadores en varios idiomas y contar extraordinarias historias sobre las maravillas del reino de Nápoles y los lujos de la corte vienesa. La reina, coqueta y vanidosa, aunque en público trata a su nuera con cortesía, no puede evitar sentir celos y desconfianza.
Fernando VII
Y una vez que los príncipes de Asturias superen sus iniciales problemas conyugales, el enfrentamiento entre la reina y su nuera se acrecentará aún más. Animada por los consejos de su madre desde Nápoles, la princesa se dispone a erigirse en mentora de una nueva política en España, apoderándose del ánimo de su esposo, respetando sólo aparentemente a sus suegros y declarando abierta hostilidad al ministro Godoy.
Las intrigas clandestinas de María Antonia comienzan a ser sospechadas por la reina, cuya enemistad con su nuera es ya pública y notoria. En sus cartas a Godoy, María Luisa de Parma dedica a su nuera insultos como “diabólica sierpe”, “escupitina de su madre”, “víbora ponzoñosa”, “animalito sin sangre y sí todo hiel y veneno” o “rana a medio morir”. Resuelta a combatir también por medio de la intriga la oposición de su hijo y su nuera, la reina intensifica el espionaje en torno al cuarto de los príncipes. Las intrigas políticas de la princesa empiezan a resultar peligrosas, pues no sólo afectan al seno doméstico de la monarquía sino que además se inmiscuyen seriamente en la política internacional.
María Carolina de Austria
En otono de 1804 circulan rumores de que Godoy pudiera estar tramando un complot para excluir al príncipe Fernando de la línea sucesoria y trasladar la corona al menor de los hijos de los reyes, el infante Francisco de Paula, presumible hijo del favorito. La reina María Carolina escribe a su hija aconsejándola que ejerza una decidida oposición a Godoy. El ambiente de la corte se torna crispado y virulento. La reina y su favorito imponen el aislamiento de la princesa respecto de sus posibles colaboradores. Se exige a Nápoles la retirada de sus embajadores, que también llevarán consigo de vuelta a las camaristas napolitanas de la princesa, acusados todos de fomentar el mal comportamiento de su señora. María Antonia, airada por la medida, mantiene su respeto por los reyes pero jura no humillarse ante Godoy, recordando “ quién es ella” y “ quien es él”. La reina, que ha presenciado los dos abortos de su nuera, la critica por mal paridora y por engendrar hijos tan pequeños“ que ha tenido que ponerse los anteojos para verlos”.
Fuentes:
María José Rubio, Reinas de España: Siglos XVIII-XXI: De maría Luisa Gabriela de Saboya a Letizia Ortiz
2009 La Esfera de los Libros S.L
José Antonio Vidal Sales, Crónica íntima de las reinas de España1993 Editorial Planeta S.A
Fernando Gonzalez-Doria, Las Reinas de España
1989 Editorial Bitacora S.A
Blog del que he tomado la info:
http://mujeresdeleyenda.blogspot.com/2010/11/los-amores-de-maria-luisa-de-parma-v.html